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¿Quién soy?

Durante muchos años me ha costado definirme porque creía firmemente que era limitarse. Hoy, con el correr del tiempo y las enseñanzas que la vida va dejando (algunas muy duras) entendí que a veces reconocerse dentro de ciertos márgenes esta bien. Si soy, a mis veintitrés años, primero una niña que creció en un barrio, luego una adolescente que encontró otros caminos y finalmente una adulta que salió en busca de una vida diferente. A los dieciocho años decidí que mi destino estaba muy lejos de la ciudad en donde nací, tenia que buscar una vida diferente y así lo hice, llegue a la ciudad de Córdoba en donde me esperaba la mejor carrera del mundo. A todos los que estudiamos Comunicación nos cuesta definir que es lo que hacemos y que es lo que verdaderamente aprendemos y mi respuesta siempre es la misma, todo, absolutamente todo. Somos camaleones nadando en medio de una selva, nos adaptamos a los cambios y entendemos que la sociedad cambia y avanza, y siempre tenemos que estar a la altura ...
La vida está llena de momentos para los vivos, para quienes saben reír a carcajadas y llorar a mares, enamorarse siempre como si fuera la primera vez y morirse un poco cada día sabiendo que mañana todo volverá a estar más vivo que nunca. Por eso se que este mundo y esta vida no son ni serán para gente como yo, seres que deambulamos entre las sombras y pasamos inadvertidos porque estamos rotos. Siempre me gusto creer que entre nosotros nos conocemos, la mirada brillosa nos acompaña a todas partes al igual que ese paso lento al caminar, ese paso que siempre les dice a los demás que estamos buscando algo que al final del día nunca logramos encontrar. Entre rotos nos observamos y seguimos en silencio, no hay tiempo para que conversemos o intentemos mitigar el dolor, sabemos que no se puede, que nunca vamos a estar completos. Todo pasa así, día tras día, hasta que algunos tienen mi suerte o mi mala suerte, llega ese momento en que alguien se da cuenta que pasamos nuestra vida buscando pedaz...

La adolescencia...

Hoy me miro de nuevo y no lo creo. Tengo quince años, las muñecas marcadas, el gesto harto y la rabia en el cuerpo. Me miro al espejo y no sonrió, no me gusta lo que veo, no lo quiero y si pudiera lo regalaría. El mundo me dice que estoy loca, que las princesas no visten de negro ni hacen gestos obscenos ¿Y quién les dijo a ellos que quiero ser princesa? En el tercer hospital que mi mamá me obliga a visitar me repiten la misma palabra “psiquiatra” “psicólogo”, el mundo cree que la solución es hablar con un desconocido sobre como soy y siempre seré, que  poco entienden los adultos. El mal de la juventud parece haberme afectado y los cuentos que me creí de chica no tuvieron efecto en el principio de la adultez. Los días pasan y así sigo, la incomprendida, la que no encaja ni tampoco quiere, la que mira el mundo pasar y no encuentra su lugar. Aunque el tiempo paso y las muñecas y el espejo parecieron haberse calmado, siempre vuelvo a ese sitio, caigo en viejos vicios y angustias que p...

Las siete y media de la tarde...

Y a esa hora el reloj se detiene cada día, el sol se marcha y me doy cuenta que vos, vos te vas junto con él. Las siete y media de la tarde, esa hora en la que me gusta creer en la infinitud de este universo, en que este ciclo no tiene fin, en el que me gusta preguntarme si sabré alguna vez cuán lejos puede llegar esta infinitud en la que algunos sostienen que vivimos. ¿Lo sabré algún día? Posiblemente no, de eso y de muchas cosas más son de las que no estoy segura, pero hay una que sí, una certeza que encontré entre tantas dudas. Son las siete y media de la tarde y vos no estas, te busco en nuestros lugares y no te encuentro. Reviso mis historias, y hay un personaje menos ¿Qué irónico no? Tantas veces fuiste el dominador de mis cuentos y hoy tu personaje ya no me dice nada,   ya no me indica el camino, ese personaje que el viento está llevándose su voz y que con solo pensar en eso me aterra. Irónico también es que, ese persona siempre fue mi favorito, ese que a las siete y m...

El ciclo sin fin...

Y llegó el día en que las cosas no duelen, él corazón no aprieta, la noche no asusta. Y ese día llegó después de que las cosas dolieran, el corazón apretara y la noche asustara. Y noches como esta me preguntó ¿Es así como hay que vivir? ¿En el eterno ciclo de la felicidad fugaz? ¿Será ese el karma de ser humano? Tal como nosotros las cosas son finitas, efímeras y nos demuestran en cada momento que nada será para siempre. Pero esta noche que la luna ilumina y las estrellas son compañía y no deseos de reencuentro, pienso cuanto valieron esas lágrimas de finitud, de temor y de desear que todo cambiara. Y eso es gracias al eterno ciclo, ese que no termina, que nos hace viajar por la vida de forma repentina, que nos dice que hay días buenos y días no tan buenos. Que nos enseña que cada momento tendrá relación y quedará marcado en ese paso fugaz, en esos sentimientos tan frágiles y que de a ratos no podemos controlar. Si hoy tus cosas duelen, tu corazón aprieta y la noche te asusta te dig...

Tan real que duele...

Me deje llevar como el viento lleva las nubes, como el anochecer barre al sol y la luna desaparece con los primeros cantos. Me deje mirar, me deje conquistar, me deje amar y acá me encuentro, desolada como quien ha perdido todo sin darse cuenta. Sin más que sonrisas cargadas de nostalgia lo recuerdo cada día, repaso nuestra historia una y otra vez ¡No sea cosa que se me olvide algún detalle! Te veo allí, tan mío, tan ajeno, tan de otra, tan vos. Esa noche de abril en la que te fuiste me quedo ese triste adiós con la melancolía de alguien que no quiere irse, pero debe hacerlo. Hoy sos un recuerdo, que aparece cada tanto para demostrarme que fui capaz de tenerlo todo, todo aquello que nunca más tendré, todo aquello que fue tan real que duele…

Noche buena y navidad

Hoy las calles se tiñen de esa alegría y melancolía mezcladas en una misma fecha. Esa ilusión, magia y recuerdos que nos despiertan estos momentos. Las mesas largas y llenas de sonrisas de esas familias que están empezando a formarse, de esos niños que están empezando a dar sus primeros pasos en este mundo y por el otro lado, esas mesas que cada vez se hacen más pequeñas. Los años pasan para todos y la muerte es inevitable, la vida comienza a llevarse lo que ya no le pertenece y deja un vacío imposible de llenar en los que se quedan. Es inevitable mirar hacia atrás y pensar en que todo era diferente, ver los platos y darse cuenta cuantos lugares quedaron vacíos sin que nos diéramos cuenta. Cuando el reloj toque las doce muchos miraremos al cielo con lágrimas en los ojos y brindaremos con esas estrellas que tienen un nombre diferente para cada uno de nosotros. Extrañar es parte de la vida pero, soñar también lo es. Así como esta esa angustia del paso del tiempo también está la ilusión ...