La vida está llena de momentos para los vivos, para quienes saben reír a carcajadas y llorar a mares, enamorarse siempre como si fuera la primera vez y morirse un poco cada día sabiendo que mañana todo volverá a estar más vivo que nunca. Por eso se que este mundo y esta vida no son ni serán para gente como yo, seres que deambulamos entre las sombras y pasamos inadvertidos porque estamos rotos. Siempre me gusto creer que entre nosotros nos conocemos, la mirada brillosa nos acompaña a todas partes al igual que ese paso lento al caminar, ese paso que siempre les dice a los demás que estamos buscando algo que al final del día nunca logramos encontrar. Entre rotos nos observamos y seguimos en silencio, no hay tiempo para que conversemos o intentemos mitigar el dolor, sabemos que no se puede, que nunca vamos a estar completos. Todo pasa así, día tras día, hasta que algunos tienen mi suerte o mi mala suerte, llega ese momento en que alguien se da cuenta que pasamos nuestra vida buscando pedazos que no encajan, personas que no están y momentos que no volverán. Y se sientan a esperar, te hablan y te susurran que siempre… habrá un roto para un descosido.
Y a esa hora el reloj se detiene cada día, el sol se marcha y me doy cuenta que vos, vos te vas junto con él. Las siete y media de la tarde, esa hora en la que me gusta creer en la infinitud de este universo, en que este ciclo no tiene fin, en el que me gusta preguntarme si sabré alguna vez cuán lejos puede llegar esta infinitud en la que algunos sostienen que vivimos. ¿Lo sabré algún día? Posiblemente no, de eso y de muchas cosas más son de las que no estoy segura, pero hay una que sí, una certeza que encontré entre tantas dudas. Son las siete y media de la tarde y vos no estas, te busco en nuestros lugares y no te encuentro. Reviso mis historias, y hay un personaje menos ¿Qué irónico no? Tantas veces fuiste el dominador de mis cuentos y hoy tu personaje ya no me dice nada, ya no me indica el camino, ese personaje que el viento está llevándose su voz y que con solo pensar en eso me aterra. Irónico también es que, ese persona siempre fue mi favorito, ese que a las siete y m...
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