Me deje llevar como el viento lleva las nubes, como el
anochecer barre al sol y la luna desaparece con los primeros cantos. Me deje
mirar, me deje conquistar, me deje amar y acá me encuentro, desolada como quien
ha perdido todo sin darse cuenta. Sin más que sonrisas cargadas de nostalgia lo
recuerdo cada día, repaso nuestra historia una y otra vez ¡No sea cosa que se
me olvide algún detalle! Te veo allí, tan mío, tan ajeno, tan de otra, tan vos.
Esa noche de abril en la que te fuiste me quedo ese triste adiós con la melancolía
de alguien que no quiere irse, pero debe hacerlo. Hoy sos un recuerdo, que
aparece cada tanto para demostrarme que fui capaz de tenerlo todo, todo aquello
que nunca más tendré, todo aquello que fue tan real que duele…
Y a esa hora el reloj se detiene cada día, el sol se marcha y me doy cuenta que vos, vos te vas junto con él. Las siete y media de la tarde, esa hora en la que me gusta creer en la infinitud de este universo, en que este ciclo no tiene fin, en el que me gusta preguntarme si sabré alguna vez cuán lejos puede llegar esta infinitud en la que algunos sostienen que vivimos. ¿Lo sabré algún día? Posiblemente no, de eso y de muchas cosas más son de las que no estoy segura, pero hay una que sí, una certeza que encontré entre tantas dudas. Son las siete y media de la tarde y vos no estas, te busco en nuestros lugares y no te encuentro. Reviso mis historias, y hay un personaje menos ¿Qué irónico no? Tantas veces fuiste el dominador de mis cuentos y hoy tu personaje ya no me dice nada, ya no me indica el camino, ese personaje que el viento está llevándose su voz y que con solo pensar en eso me aterra. Irónico también es que, ese persona siempre fue mi favorito, ese que a las siete y m...
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