Durante muchos años me ha costado definirme porque creía firmemente que era limitarse. Hoy, con el correr del tiempo y las enseñanzas que la vida va dejando (algunas muy duras) entendí que a veces reconocerse dentro de ciertos márgenes esta bien. Si soy, a mis veintitrés años, primero una niña que creció en un barrio, luego una adolescente que encontró otros caminos y finalmente una adulta que salió en busca de una vida diferente. A los dieciocho años decidí que mi destino estaba muy lejos de la ciudad en donde nací, tenia que buscar una vida diferente y así lo hice, llegue a la ciudad de Córdoba en donde me esperaba la mejor carrera del mundo. A todos los que estudiamos Comunicación nos cuesta definir que es lo que hacemos y que es lo que verdaderamente aprendemos y mi respuesta siempre es la misma, todo, absolutamente todo. Somos camaleones nadando en medio de una selva, nos adaptamos a los cambios y entendemos que la sociedad cambia y avanza, y siempre tenemos que estar a la altura de las circunstancias. Esto último es lo que me terminó de forjar como persona y como profesional (que intento ser), el aprender a navegar entre aguas tormentosas hizo que empezara una segunda carrera porque una sola no alcanza, nunca nada alcanza. Actualmente cuento con múltiples cursos y capacitaciones, que se que serán muchos mas, porque hay que crecer, perfeccionarse y enseñarle al destino que de a poco se lo puede ir moldeando a nuestra manera o al menos eso es lo que intentó todos los días.
Un día me desperté y ya no estabas, en ese momento empecé a ver el mundo como realmente es, sin magia.
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