Durante muchos años me ha costado definirme porque creía firmemente que era limitarse. Hoy, con el correr del tiempo y las enseñanzas que la vida va dejando (algunas muy duras) entendí que a veces reconocerse dentro de ciertos márgenes esta bien. Si soy, a mis veintitrés años, primero una niña que creció en un barrio, luego una adolescente que encontró otros caminos y finalmente una adulta que salió en busca de una vida diferente. A los dieciocho años decidí que mi destino estaba muy lejos de la ciudad en donde nací, tenia que buscar una vida diferente y así lo hice, llegue a la ciudad de Córdoba en donde me esperaba la mejor carrera del mundo. A todos los que estudiamos Comunicación nos cuesta definir que es lo que hacemos y que es lo que verdaderamente aprendemos y mi respuesta siempre es la misma, todo, absolutamente todo. Somos camaleones nadando en medio de una selva, nos adaptamos a los cambios y entendemos que la sociedad cambia y avanza, y siempre tenemos que estar a la altura de las circunstancias. Esto último es lo que me terminó de forjar como persona y como profesional (que intento ser), el aprender a navegar entre aguas tormentosas hizo que empezara una segunda carrera porque una sola no alcanza, nunca nada alcanza. Actualmente cuento con múltiples cursos y capacitaciones, que se que serán muchos mas, porque hay que crecer, perfeccionarse y enseñarle al destino que de a poco se lo puede ir moldeando a nuestra manera o al menos eso es lo que intentó todos los días.
Y a esa hora el reloj se detiene cada día, el sol se marcha y me doy cuenta que vos, vos te vas junto con él. Las siete y media de la tarde, esa hora en la que me gusta creer en la infinitud de este universo, en que este ciclo no tiene fin, en el que me gusta preguntarme si sabré alguna vez cuán lejos puede llegar esta infinitud en la que algunos sostienen que vivimos. ¿Lo sabré algún día? Posiblemente no, de eso y de muchas cosas más son de las que no estoy segura, pero hay una que sí, una certeza que encontré entre tantas dudas. Son las siete y media de la tarde y vos no estas, te busco en nuestros lugares y no te encuentro. Reviso mis historias, y hay un personaje menos ¿Qué irónico no? Tantas veces fuiste el dominador de mis cuentos y hoy tu personaje ya no me dice nada, ya no me indica el camino, ese personaje que el viento está llevándose su voz y que con solo pensar en eso me aterra. Irónico también es que, ese persona siempre fue mi favorito, ese que a las siete y m...
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