Hoy mientras viajaba los vi, eran unos cuantos, diría miles, hasta millones de ellos. Se agrupaban uno adelante y detrás del otro formando un gran círculo amarillo que giraba siguiendo al cielo. El sol salió resplandeciente cuando los empecé a observar pero una nube los tapo en segundos y ellos se escondieron ¿No era una hermosa metáfora de la vida? Los girasoles sentían que tocaban la luz, se abrían, contaban sus mayores secretos y segundos después la oscuridad los obligaba a cubrirse. Ese momento me llevo al día que lo conocí a él, a ella y a tantos otros. Recuerdo como les conté quien soy, quien fui y quien quería ser para que luego intentaran taparte como una nube se lleva el sol cuando tiene ganas. En ese momento admire los girasoles, siempre volvían a ilusionarse, volvían a abrirse a ese sol que pronto los dejaría de alumbrar ¿No era sino un acto de valentía? Necesitaban siempre volver a intentarlo, pensar que esa vez todo sería diferente y que nunca más los volverían a abandonar. Me imaginaba que tenían un proceso de maduración hasta que el sol salía y volvían a ser chiquitos, a ilusionarse como quien no sabe qué va a ser traicionado. Hoy debo decir, queridos girasoles, que yo quiero ser como ustedes, quiero ilusionarme con cada persona que pase por mi vida, sentir que siempre es la primera vez, que cada beso y cada charla va a ser sincera y que esta vez no me van a lastimar. Necesito creer que esta vez se van a quedar ¿Seré muy ilusa?
Un día me desperté y ya no estabas, en ese momento empecé a ver el mundo como realmente es, sin magia.
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