Abrió la tapa de su cuaderno y escribió la frase que venía dando vueltas en su cabeza desde hacía varios meses: siempre hay un roto para un descosido. Durante unos segundos detuvo el lápiz y se quedó pensando en aquella frase ¿Será de verdad que siempre encontraremos alguien que nos complete? ¿El ser humano puede estar completo alguna vez? Negó con la cabeza y siguió con la introducción. Con el correr de las palabras escribió lo único de lo que tenía certezas: el ser humano no sabe de completudes ni de felicidad plena, pero siempre se encuentra con alguien más en el camino. Ese alguien más que viene a las chuequeadas, con la cabeza un poco baja y roto al igual que uno, nos mira y nos entiende. Es allí donde la magia se produce, en el fondo sabemos que el no está completo ni nosotros tampoco y que juntos no llegaremos ni a la mitad de lo que nos gustaría ser. Pero que lindo ese sentir que siempre, a pesar de todo, hay un roto para un descosido...
Y a esa hora el reloj se detiene cada día, el sol se marcha y me doy cuenta que vos, vos te vas junto con él. Las siete y media de la tarde, esa hora en la que me gusta creer en la infinitud de este universo, en que este ciclo no tiene fin, en el que me gusta preguntarme si sabré alguna vez cuán lejos puede llegar esta infinitud en la que algunos sostienen que vivimos. ¿Lo sabré algún día? Posiblemente no, de eso y de muchas cosas más son de las que no estoy segura, pero hay una que sí, una certeza que encontré entre tantas dudas. Son las siete y media de la tarde y vos no estas, te busco en nuestros lugares y no te encuentro. Reviso mis historias, y hay un personaje menos ¿Qué irónico no? Tantas veces fuiste el dominador de mis cuentos y hoy tu personaje ya no me dice nada, ya no me indica el camino, ese personaje que el viento está llevándose su voz y que con solo pensar en eso me aterra. Irónico también es que, ese persona siempre fue mi favorito, ese que a las siete y m...
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